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Vínculos que también sanan

  • Foto del escritor: Amelia Zarauza
    Amelia Zarauza
  • 24 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 30 nov 2025


Por Dra. Amelia Zarauza


Hace unas semanas, al despedirse, le dibujé una carita feliz en una hoja de recetario.

Un gesto mínimo, un regalo rápido, un momento de ternura.

Ella lo transformó en algo más grande: le puso nombre —Bizcochito— y jugaba con ese dibujo en su casa, como si llevara con ella un pequeño tesoro.

Hoy volvió a la consulta.

Ni bien abrí la puerta, vino corriendo y me abrazó fuerte.

Al despedirse, me miró con una mezcla de alegría y expectativa:

“¿Me hacés otro Bizcochito?”

Y otra vez me abrazó.

Fue entonces cuando su mamá, con los ojos llenos de emoción, me contó que ese dibujito se había vuelto algo muy especial para su hija. Que lo llevaba a todas partes, como un pequeño juguete que le hacía compañía.


Y me dijo: “Conocerla a usted nos cambió la vida.”


Palabras así no se olvidan.


Porque detrás de ese abrazo y ese dibujito hay muchas otras cosas que no se ven:

visitas con miedo, tratamientos que cuestan, momentos de angustia, noches sin dormir.

Y sin embargo, también hay confianza, juego, complicidad, ternura.

Yo las acompaño, sí.

Pero ellas también me enseñan.

Me recuerdan lo esencial.

Que sanar no es solo curar.

Que muchas veces, lo que más alivia es sentirse visto, escuchado, contenido.

A veces creemos que los tratamientos están solo en las recetas.

Pero también habitan en los gestos.

En una carita feliz dibujada en papel.

En un apodo inventado.

En un abrazo que no necesita traducción.

Soy médica, sí.

Pero a veces también soy un poquito dibujante.

Un poquito cómplice.

Y, sobre todo, alguien que escucha, que recibe, que está.


Ellas también cambiaron la mía.


Dra. Amelia Zarauza

Médica Pediatra – Alergia e Inmunología

📌 Ecos del Estetoscopio

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