Entender la piel atopica: la historia de juan
- Amelia Zarauza
- 17 dic 2025
- 5 Min. de lectura
Actualizado: hace 3 días
Cuentos de la Dra. Amelia
Este cuento busca ayudar a comprender qué es la piel atópica en niños, poniendo en palabras simples lo que muchos chicos sienten y viven en su día a día.

Juan era un niño alegre, curioso y lleno de energía.
Le encantaba jugar a la pelota, correr con sus amigos y trepar a los árboles del patio de la escuela.
Pero su piel era más sensible que la de otros niños y, en distintos momentos del día, podía picar, arder o sentirse áspera.
A veces se enrojecía después de correr, otras veces le molestaban las etiquetas de la ropa, y algunas mañanas amanecía con pequeñas marcas por haberse rascado sin querer.
Y lo que más le dolía no siempre era el picor, sino las miradas curiosas o las preguntas típicas de la infancia:
—¿Qué te pasó en la piel?—¿Es contagioso?
No había mala intención.
Era desconocimiento. Pero Juan lo sentía igual.
Porque convivir con una piel sensible no es solo atender la piel: también es acompañar las emociones que aparecen.
Después de varios días difíciles, Juan y su mamá fueron al consultorio de la doctora Amelia.
Apenas se sentaron, empezaron a contarle con calma qué era lo que más les preocupaba: la picazón constante, la piel seca que a veces dolía, el malestar al jugar y las preguntas de otros chicos.
Incluso mencionaron que, en algunas oportunidades, las maestras habían preguntado si la piel de Juan podía ser contagiosa o habían sugerido llevarlo al médico para estar seguras.
La doctora Amelia escuchó con atención, sin apuro, dejando que cada uno pudiera hablar a su ritmo.
Cuando terminaron, abrió una carpeta con dibujos sencillos y comenzó a explicar lo que estaba pasando con la piel de Juan.
Le mostró un dibujo y dijo que la piel era como una pared de ladrillos. En la mayoría de las personas, esos ladrillos están bien juntitos.
En la piel atópica, algunos quedan más separados. Por ahí se escapa la humedad que la piel necesita y entran con más facilidad cosas que pueden irritarla.
Juan observó con interés.
Por primera vez entendía por qué su piel se sentía distinta.
La doctora explicó que la piel atópica no aparece solo en algunos momentos, sino que acompaña a Juan todos los días, aunque en ciertos omentos, e incluso or la noche el picor suele notarse más.
Durante el día podía picar, arder, doler un poco o sentirse más áspera, sobre todo cuando el aire estaba muy seco.
Eso no significaba que Juan estuviera mal, sino que su piel iba mostrando lo que necesitaba.
Su mamá se sintió más tranquila.
Comprender lo que le pasaba a Juan, con palabras claras y sin culpas, le dio herramientas para ayudarlo.
Cuando preguntó si eso iba a durar para siempre, la doctora explicó que la piel atópica puede durar años, aunque muchos niños mejoran con el tiempo, y que lo importante era tener un plan para los distintos momentos de la piel.
Juan, un poco tímido, preguntó si podía seguir jugando con sus amigos. Le explicaron que la piel atópica no es contagiosa y que podía jugar, abrazar y correr como siempre. Solo había que aprender algunas cosas para que las molestias fueran menores.
También le dijeron que, si en algún momento la piel le molestaba mucho —en la escuela, jugando o por la noche—, estaba bien pedir ayuda a su mamá, a su papá o a la maestra. No era exagerar, era prestar atención a lo que necesitaba.
Hablaron también de las cosas que podían irritar la piel. El frío, el calor intenso, la transpiración, el aire muy seco, algunos perfumes o el polvo podían molestarla un poco más.
No se trataba de evitar todo, sino de reconocer qué cosas incomodaban más para poder cuidarla mejor.
La mamá preguntó entonces por el gatito de la casa.
La doctora explicó que los animales son parte de muchas familias y que, en muchos casos, no generan problemas.
A veces, si los síntomas coinciden con su presencia, se evalúa si influyen y qué medidas pueden ayudar.
Nada se decide rápido ni sin pensar; se busca equilibrio.
También preguntó por dietas y estudios. La respuesta fue clara: solo se indican cuando hay señales claras. No hace falta suspender alimentos ni hacer estudios “por las dudas”.
Todo se evalúa paso a paso.
Hablaron también del rascado. Cuando pica, rascarse alivia por un momento, pero después la piel pica más. Por eso es importante ayudar a romper ese círculo, sobre todo de noche, cuando suele estar más sensible.
Esa noche, después del baño, Juan descansó un poco mejor. Su mamá usó un jabón sin color ni perfume, le cortó las uñas bien cortitas, eligió un pijama de algodón y aplicó la crema indicada.
Al día siguiente, su piel estaba más tranquila.
Con el paso de los meses, la familia de Juan fue encontrando una rutina que funcionaba para ellos. El baño tibio, la humectación y la hidratación diaria, junto con la elección de ropa que no irritara la piel, se volvieron parte natural de su día a día.
Aprendieron a reconocer cuándo la piel necesitaba la crema antiinflamatoria y cuándo bastaba con hidratar más seguido.
Algunas semanas eran más fáciles; otras requerían ajustar el plan y volver a consultar.
La doctora explicó que, si en algún momento los cuidados cotidianos no alcanzaban, existían otros tratamientos posibles, como otras cremas específicas, antihistamínicos u opciones más precisas, que siempre debían ser evaluados e indicados por un médico.
La piel atópica cambia, y atenderla es un proceso que se recorre con paciencia, información y un plan claro.
Juan volvió a la escuela con más confianza. Corría, jugaba, se reía.
Y cuando alguien preguntaba:
—¿Qué te pasó en la piel?—¿Es contagioso?
Él respondía tranquilo:
—No. Mi piel solo es sensible. Nada más. Y seguía jugando.
🌿 MENSAJE PARA LAS FAMILIAS
Guía para familias. Basado en principios coincidentes de EAACI, EADV, AAD y consensos de la Sociedad Argentina de Pediatría
La piel atópica no es contagiosa.
No es culpa de nadie.
La humectación e hidratación diaria son la base del cuidado.
El frío, el calor, el aire seco, el sudor, los perfumes y el polvo pueden irritarla.
No se hacen dietas ni estudios “por las dudas”.
Las mascotas no siempre empeoran la piel; se evalúa cada caso.
Hay diferentes niveles de tratamiento que deben ser indicados por un médico.
La piel atópica es una forma de piel sensible, pero no define al niño.
Dra. Amelia Zarauza
Médica pediatra .Alergia e Inmunología
Medicina Ambiental
Subdirectora de la Carrera de Especialistas en
Alergia e Inmunología . UBA
📌 Ecos del Estetoscopio



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