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Ecos de una historia clínica: alergia, embarazo y decisiones que importan

  • 17 jun 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 29 nov 2025



🩺 Lo que aprendí acompañando a pacientes embarazadas con sospecha de alergia a la Penicilina



Ilustración cálida de una médica auscultando a una mujer embarazada, usada como portada del artículo ‘Ecos de una historia clínica: alergia, embarazo y decisiones que importan’, por la Dra. Amelia Zarauza.

Durante los últimos años, acompañé varios casos de mujeres embarazadas con diagnóstico de sífilis y antecedentes de alergia a penicilina. Una situación clínica sensible y desafiante, porque la penicilina sigue siendo el único tratamiento efectivo para tratar la sífilis durante el embarazo, tanto para cuidar la salud de la paciente como para prevenir la transmisión vertical al bebé.


En Argentina y en muchos países de la región, la sífilis gestacional continúa siendo una preocupación sanitaria. La tasa de transmisión vertical puede llegar al 80% en ausencia de tratamiento, y la administración de penicilina benzatínica es, hasta hoy, la única intervención capaz de evitar el desarrollo de sífilis congénita.


Como médica pediatra y especialista en Alergia e Inmunología, me encontré muchas veces con historias marcadas por rotulados antiguos, recuerdos imprecisos, temores y decisiones urgentes.


En numerosos casos, colegas de otras especialidades —infectología, clínica médica, obstetricia— solicitaron evaluaciones o intervenciones como las pruebas cutáneas, los desafíos orales o incluso la desensibilización como si se tratara de procedimientos simples, automáticos o universales. Y lo cierto es que no lo son.


El testeo en alergia a medicamentos, y en particular en embarazadas con sífilis, requiere una evaluación cuidadosa, indicaciones precisas, conocimiento del contexto clínico, infraestructura adecuada y un equipo entrenado. La sensibilidad de las pruebas cutáneas es limitada si no se cuenta con determinantes mayores y menores estandarizados, lo que representa una dificultad frecuente en nuestros entornos. Aun así, cuando se aplican por profesionales con formación específica en Alergia e Inmunología Clínica —como en mi caso, especializada en alergia a medicamentos— estas herramientas diagnósticas mantienen un valor significativo, incluso sin contar con determinantes estandarizados. El conocimiento técnico, sumado a la experiencia clínica, permite interpretar los resultados con criterio y tomar decisiones seguras en escenarios complejos.


No todos los pacientes pueden —ni deben— ser sometidos a un protocolo de desensibilización. No todas las pruebas son aplicables a todos los casos. Y cada decisión debe ser tomada con criterios clínicos sólidos y no como una respuesta refleja ante la urgencia.


Recuerdo a una paciente derivada con antecedentes vagos de alergia en la infancia. Le realizamos pruebas cutáneas específicas con penicilina nativa, amoxicilina y ampicilina, y resultaron completamente negativas. Recibió penicilina benzatínica sin ninguna complicación.


En otro caso, una joven embarazada presentaba antecedentes sospechosos de una reacción inmediata tras la administración de penicilina en la adolescencia.Siguiendo las recomendaciones de las guías internacionales para la evaluación de hipersensibilidad a betalactámicos, comenzamos con una historia clínica dirigida, considerando el tipo de reacción, el tiempo de aparición, el fármaco implicado y el intervalo transcurrido desde el episodio. Luego realizamos pruebas cutáneas secuenciales, comenzando con el test de punción (prick test) y, posteriormente, intradermorreacciones con penicilina nativa, amoxicilina y ampicilina. Los resultados fueron negativos para amoxicilina y ampicilina. Sin embargo, la intradermorreacción con penicilina nativa fue positiva, lo que indicaba una respuesta celular de hipersensibilidad. Dado el antecedente clínico compatible con una reacción inmediata, y la positividad de la prueba en ese contexto, se consideró indicado realizar una desensibilización hospitalaria.


La desensibilización fue realizada bajo protocolo estándar, con monitorización continua y excelente tolerancia clínica. La paciente completó el esquema sin reacciones adversas y evolucionó favorablemente.


Estas experiencias vividas en el hospital me impulsaron a volver a revisar qué dice la literatura científica. Chile, Brasil, Canadá, España… En todos estos escenarios se destaca la importancia de una evaluación especializada, que permita diferenciar entre una verdadera alergia y un antecedente mal interpretado. Estudios recientes indican que, cuando se realiza una valoración adecuada, más del 85% de los pacientes rotulados como alérgicos a penicilina pueden ser “desrotulados” de forma segura, evitando tratamientos alternativos menos eficaces o más costosos.


Cuando la alergia es confirmada, debemos aplicar protocolos de desensibilización adecuados, siempre en contextos que cuenten con la infraestructura y la supervisión necesarias. No se trata de procedimientos menores, ni pueden aplicarse con ligereza.


Lo que aprendí —y sigo aprendiendo— es que frente a situaciones delicadas, la experiencia técnica y el conocimiento científico deben ir siempre de la mano de la sensibilidad clínica, la escucha activa, la empatía con la paciente y el trabajo en equipo.


Una decisión bien tomada no se basa solo en lo que indican las guías, sino también en comprender a quién tenemos enfrente, en respetar sus miedos, su historia, su momento vital. Porque el costado humano de la práctica médica no es un detalle: es, muchas veces, la clave para cuidar de verdad.


Este espacio, “Ecos del Estetoscopio”, no tiene como propósito ofrecer guías rápidas ni recetas aplicables a ciegas.


Mi intención es compartir lo que vivo, lo que leo, lo que pienso, lo que dudo, y también lo que me conmueve de la práctica médica cotidiana.


Gracias por estar del otro lado.


Dra. Amelia Zarauza

Médica pediatra | Especialista en Alergia e Inmunología

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